
26/5/10
Nunca más

19/5/10
La historia del colibrí

Jesús era un chaval muy habilidoso haciendo pajaritas de papel. Había llegado a tal perfección que cuando les pintaba las plumas con vivos colores, dibujaba los ojillos y ponía el pico de color amarillo parecían pajaritas de verdad.
Aprovechaba toda clase de papeles para hacerlas: si una cartulina, le salía una pajarita enorme que más bien parecía una garza; de un folio sacaba una paloma; de las hojas de su libreta salían gorriones y así sucesivamente; incluso las hacía minúsculas aprovechando los sellos de correos...
Sobre su mesa siempre había alguna pajarita revoloteando y montones de hojas de revistas viejas.
Un día de diciembre que la gripe le impidió ir a la escuela y tuvo que guardar cama, Jesús se dedicó a hacer pajaritas con todos los papeles sueltos que encontró por casa, y construyó una bandada enorme en las que se podían leer titulares de periódicos, anuncios de detergentes, facturas del teléfono, folios usados con problemas de mates, propaganda varia, etc. Cuando tuvo la mesa llena, el niño miró aquel montón de papel plegado con ojos febriles abrió la ventana y les dijo: «¡Hala, a volar!»
Parecerá mentira lo que os voy a decir, pero aquellos trozos de papel empezaron a moverse, a batir alas y poco a poco fueron saliendo en desbandada hacia el cielo azul. En pocos segundos la mesa quedó limpia de pajaritas; Jesús se llevó las manos a la cabeza y muy asustado se dijo: «¡Puedo hacer pájaros de verdad!»
Como no se encontraba muy bien, pensó que aquello era por culpa de la fiebre, porque él no se creía capaz de hacer milagros...; se metió en la cama y trató de dormir un poco. Nada más cerrar los ojos sintió un levísimo aleteo sobre su cabeza: la más pequeña de las pajaritas creada con el prospecto de las aspirinas había vuelto a la habitación. Jesús se despertó sobresaltado.
—¿Qué haces tú aquí? —le preguntó como si ella pudiera entenderle—. ¿Por qué no vas con las demás?
La pajarita se posó sobre la mesa y le respondió con una voz dulcísima:
—Me has hecho tan pequeña que no puedo volar...
La pajarita tenía razón: sus alas eran tan cortas que no le permitían volar durante mucho tiempo. Jesús se quedó pensativo y al cabo de un rato le dijo:
—Es cierto, pero tengo la solución: si mueves las alas muy deprisa podrás volar como las demás...
La pajarita se lanzó al aire, aleteó con una velocidad extraordinaria y comprobó que, efectivamente, podía moverse igual que el resto de los pájaros.
—¡Gracias! —le dijo ella; dio media vuelta y salió por la ventana.
Jesús se quedó sorprendido por el descubrimiento: «Esto sí que es maravilloso: además de volar, mis pajaritas hablan...», y se volvió a la cama un poco preocupado porque empezó a pensar que a lo mejor podría crear animales como si fuera Dios...
Cerró los ojos y cuando estaba a punto de dormirse por segunda vez, volvió a sentir el zumbido en la habitación: era la pajarita de las aspirinas que andaba dando vueltas como un abejorro.
—¿Y ahora qué te pasa? —le dijo un poco enfadado el niño Jesús.
La pajarita se quedó flotando en el aire con un aleteo muy vivo:
—¡Que soy muy fea!
Iba a responderle que no dijera tonterías, que ella no era fea; pero al ver su plumaje gris lleno de letras y esas mayúsculas que le cruzaban las alas de lado a lado el niño Jesús comprendió que aquello más bien parecía un disfraz de Carnaval que un vestido de pájaro.
—Está bien, ¿y cómo quieres que te pinte?
—Como una mariposa —le dijo, coqueta.
Jesús tomó los rotuladores y se dedicó a colorear a aquella pajarita de papel que hasta ahora no tenía más que tinta negra y letras por el cuerpo. La cabeza y el cuello se los pintó de un rojo intenso; el pecho, blanco con unas manchitas azules; las plumas de las alas de un verde chillón y en el rabo le puso el arco iris. Ahora estaba preciosa. Cuando hubo acabado le preguntó:
—¿Te gusta?
La pajarita desplegó la cola, extendió las alas y le dijo:
—¡Perfecto! —Dio una vuelta de exhibición por el cuarto y al salir le repitió—: ¡Muchas gracias! ¡Adiós!
El niño Jesús pensó que ahora ya podía dormir tranquilamente hasta que volviera María, su madre, y se metió en la cama.
Su madre, que había salido a comprar, le tenía dicho: «Descansa y no cojas frío para que mañana puedas ir al cole», pero no le estaba obedeciendo porque seguía con la ventana abierta. Se acurrucó contra la almohada y ya empezaba a soñar cuando...
—¡Que no puedo comer! —oyó a la pajarita que le llamaba—: ¡Jesús, despierta, que no puedo comer!
El niño abrió los ojos contrariado:
—¿Otra vez? A ver: ¿qué tripa se te ha roto?
—Que con este piquito tan pequeño que me has hecho no puedo comer los granos como hacen mis hermanos los pájaros.
Jesús la observó detenidamente y comprobó que de nuevo tenía razón: el pico que le había hecho no le servía para nada, era demasiado pequeño; no ocupaba ni media “A” de “ASPIRINA”; eso tenía que arreglárselo.
—Está bien. ¿Cómo lo quieres?
—Como el de las mariposas.
Y Jesús empezó a trabajar para hacerle un pico fino y largo, con una lengua fina y larga como tienen las mariposas. Cuando hubo acabado, le preguntó la pajarita:
—¿Y ahora qué comeré?
—Pues lo mismo que ellas: el néctar de las flores.
—¡Ah, claro! —y se fue volando, esta vez definitivamente.
Volvió a la cama y enseguida Jesús empezó a soñar con que estaba en el país de los pájaros, que hablaba y se entendía con ellos, que volaba...; estaba posado en la rama de un magnolio cuando se le acercó otro pajarito y le dijo:
—Jesús, ¿no me conoces? Recuerda: soy el que tiene las alas más veloces del mundo, un pico para beber néctar y los colores más maravillosos del universo...
—¡Claro que sí! —respondió él—: tú eres la pajarita que hice con el papel de las aspirinas. ¿Cómo te llamas?
El pajarito se quedó mudo: «¡Anda, resulta que yo no tengo nombre!», pensó.
—¡No sé cómo me llamo!
El niño Jesús comprendió que debía bautizarlo rápidamente. Se puso a pensar y encontró un nombre que le sonaba distinto a todos los que ya existían en el reino animal:
—Te llamarás COLIBRÍ —le dijo—, el pájaro que se parece a las mariposas, ¿te gusta?
—!Mucho!
Y desde entonces estos pájaros existen en el mundo.
© Pedro Sanz
12/5/10
Nacemos, crecemos y morimos, no siempre en ése orden

Hay algo muy divertido (al menos para mi es divertido) que pasa en las relaciones de pareja y hasta en las grandes amistades, es que siembran y hasta cosechan nombres en lenguas ajenas, integran sabores eliminan los sinsabores, comienzan a armar castillos de realidades alternas donde todo es bello y no tiene porqué dejar de serlo. La jerga es de quien la trabaja y pues no es error que cada que alguien se enamora nuevamente de un otr@ salga a relucir el nombre de aquella persona que habita en un castillo del pasado.
17/4/10
Adios a mis mejores 22, BIENVENIDOS SEAN MIS MEJORES 23

31/3/10
Yo no sé ustedes pero procuro estar borracho todo el tiempo
Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero embriáguense.
Y si a veces, sobre las gradas de un palacio, sobre la verde hierba de una zanja, en la soledad huraña de su cuarto, la ebriedad ya atenuada o desaparecida ustedes se despiertan pregunten al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntenle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, contestarán:
“¡Es hora de embriagarse!
Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo,
¡embriáguense, embriáguense sin cesar!
De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.
Otra razón pa cambiar el mundo
Jorge Ibargüengoitia
(Guanajuato, México, 1928 - Madrid, 1983)
Malos Hábitos
Levantarse temprano
El viernes pasado encontré en Revista de Revistas un artículo escrito por mi buen amigo Loubet que es una especie de oda a los que se levantan temprano. Además de bien escrito está bien ilustrado. Allí aparecen los panaderos, los lecheros, los barrenderos, los que van a hacer ejercicio en Chapultepec, los niños que piden aventón para llegar a clase de siete, etcétera.
Esta lectura, unida a la circunstancia de que hoy tuve que levantarme a las cinco de la mañana, me han hecho recapacitar y llegar a la conclusión de que francamente, levantarse temprano no sólo es muy desagradable, sino completamente idiota.
Ahora comprendo que los últimos veinte anos los he pasado en un mundo dado a la molicie.
—Paso por ti cuando reviente el alba. Es decir, a las nueve y media de la mañana —dicen mis amigos.
Pues sí, un mundo dado a la molicie del que no pienso salir.
Los efectos de madrugar son de muchas índoles, pero todos ellos corrosivos de la personalidad. Hay quien se levanta temprano a fuerzas, se para frente al espejo a bostezar y a arreglarse el cabello y la cara con el objeto de dar la impresión de que se lavó. Este intento generalmente es patético. Si alcanza lugar sentado en el camión que lo lleva al trabajo se duerme sobre el hombro del vecino, desayuna en la esquina del lugar donde trabaja unos tamales, o bien dos huevos crudos metidos en jugo de naranja -que es una mezcla que produce cáncer en el intestino delgado- pasa la mañana sintiéndose infeliz, trabajando un poquito y quitándose las lagañas; se va de bruces en el camión de regreso, a las seis de la tarde.
Los que se levantan temprano a fuerzas constituyen un grupo social de descontentos, en donde se gestarían revoluciones si sus miembros no tuvieran la tendencia a quedarse dormidos con cualquier pretexto y en cualquier postura. En vez de revolucionar, gruñen y dicen que el destino les hizo trampa.
Los que madrugan por gusto son peores.
—Yo siento que la cama materialmente me avienta a las cinco de la mañana.
—Mal veo despuntar el sol, brinco de la cama, abro la ventana y pregunto “¿solecito, solecito, qué quieres de mí hoy?”
—Cuando me estoy rasurando oigo el canto del primer jilguero, después, un regaderazo con agua helada, me seco con una toalla especial de ixtle para que me abra el poro, y por último mi té de boldo. Quedo como nuevo.
Esta clase de gente tiene la costumbre de salir a la calle de noche y caminar con paso vivaz por el centro del asfalto —le temen a la banqueta, porque creen que hay gente agazapada en los zaguanes, lista para asaltarlos; no se dan cuenta de que los asaltantes están dormidos a esa hora— dejan a su paso una estela de agua de Colonia o talco desodorante que queda flotando en el ambiente hasta que pasa el primer autobús. Van a misa de cinco, a la Adoración Nocturna, a hacer ejercicio, a pasear un perro desmañanado, o, peor todavía, a despertar al velador del edificio para que les abra el despacho.
Son por lo general, gente de dinero y creen que la fortuna que tienen se las concedió Dios nomás por el gusto que le da verlos levantarse temprano. Aconsejan esta práctica saludable a todo el que encuentran -en realidad no tienen otro tema de conversación, inventarían refranes si pudieran, como no pueden, repiten el consabido de “al que madruga, Dios le ayuda”, que es una afirmación que carece de fundamento histórico.
Esta clase de personajes también tiene la tendencia a obligar niños a que les piquen la panza con el dedo.
—Mira niño, es como de fierro. Aprende: estoy así porque me levanto temprano. Tengo sesenta años y mírame.
Llegan a los sesenta como jóvenes, dando brinquitos y mueren de sesenta y uno, víctimas de una trombosis cuádruple.
Los que inventaron que es bueno levantarse temprano son los que determinaron que los turnos de trabajo cambien rayando el sol, que los fusilamientos de lleven a cabo al amanecer, que se reparta la leche al alba, que no se permita la entrada de carga después de las siete de la mañana, etcétera. En resumen son los únicos responsables de que la ciudad empiece a funcionar a una hora de la que nada bueno puede esperarse. (18-vii-72)
Publicado en Instrucciones para vivir en México, compilado por Guillermo Sheridan. México: Editorial Joaquín Mortiz, 1990.
4/3/10
Gracias
11/2/10
Gula que alimenta el espíritu

Ya pasó El 14, mi cumpleaños y sobreviví, y si no pos’ funcionó el programar éste post que será lindo leer como una sorpresa de mi para mi y para usted.
Cuando era pequeño era super políticamente correcto, no cabía en mi el defecto mas que el físico inadecuado a ésa y ésta época, pero por todo lo demás chido-liro.
Bueno me quedé en cuando era pequeño… pues todo bien, ya saben me obligaban a hacer cosas que detestaba desde el alma para satisfacer a mi pequeña hermana, y lo entiendo quizá yo hubiera hecho lo mismo para estandarizar a mis hijos, pero tómala no funcionó, ahora soy un disidente de corazón que detesta un chigaderomadral de más cosas que cuando era pequeño. Una de ellas es subirme a los juegos mecánicos que no aceleren mi corazón y la mas relevante son los cumpleaños, al menos el festejo clásico del pastelito y los invitados gorrones y que de repente te quieren más ése día.
Estoy de acuerdo en que es un día especial, de eso no hay duda, porque a ver digánme quién chingados tiene más de UN CUMPLEAÑOS AL AÑO nadie, al menos no honestamente. Pues bien, detesto ésos festejos, aunque no puedo evitar sentir bonito cuando me invitan a uno…….
….Oigan acabo de recordar que bueno sé que se leerá muy triste pero neta que de pequeño no recuerdo haber ido a una fiesta de cumpleaños de…algún compañero de la primaria o kínder, ya ven que en la secu pus a las que se va son cogifagifiestaspedas y no pastel-gorritos-velas-leche fría…pero neta, lo recordé hace algunos días y le pregunté a mi madre (que la hace de memoria externa porque hay un chingo de cosas que extrañamente no recuerdo de mi niñez y a veces agradezco haber olvidado aunque no sé de qué todavía) y pues ella no me contradijo, resulta que en verdad o no hacían fiestecillas o no me invitaban… no sé qué pensar, antes era un niño más chidobuenaonda por más tiempo de lo que soy ahora (según yo) y resulta que ahora hasta me sacan a pasear algunas niñas de vez en cuando, en fin yo no podría decir: extraño las fiestas de primaria, porque no las viví.
En fin, dado que detesto aquellos festejos y que me incomodan de sobremanera decidí hacer pública mi molestia y hace años que no me festejan, además de que he creado una GRAN BARRERA para evitar que suceda de alguna forma: Si alguien me pregunta sobre la fecha de mi cumpleaños simplemente contesto que es el día que falleció Sor Juana Inés de la Cruz. Y es verdad nací ése día, no del mismo año obviamente pero como que me siento menos idiota cuando lo digo. Quizá me case cuando encuentre a una señorita que sepa el dato inmediatamente, no sé si con la señorita mencionada pero podría empezar la búsqueda. Dada la gran barrera hay muy pocas personas que se dan a la tarea de buscar el dato y que lo recuerdan por lo que recibir un abrazo con motivo de mi cumpleaños en mi cumpleaños se ha vuelto algo casi nulo de no ser por mi familia que religiosamente lo recuerdan y que inmensamente lo aprecio.
Mi familia ya está al tanto de mi molestia por lo que me dejan hacer lo que se me pega la gana sin molestarme mas que unos 5 minutos tal vez menos. Usualmente nos regalamos entre nosotros un pastelito barato de tiendita de la esquina, porque han de saber que pues somos reposteros y ya estamos hasta la madre de las porquerías que venden y las delicias que hacemos pues ya nos hartaron, así que insertamos unos cerrillos en el pastelito y cada quien canta con mucho sentimiento las clásicas Mañanitas y en la mañana como debe de ser o a las 1201hrs si Morfeo no ha llegado por el festejado. El año pasado cuando cumplí 22 (mis mejores22 añitos) y mi familia me festejó de la forma que ya he mencionado, pero ahora cambió algo, un primo (que es mi preferido) también me festejó, y según me contaron después, él tenía la intención de comprarme algo de regalo, pero mi dulce hermana le dijo que también detesto los regalos comprados (igual los acepto pero pss me gusta que se esfuercen) y que sólo acepto con gran alegría los hechos a mano y en el que haya participado de alguna forma el “regalador”(no soy tan mamón como para pedir imposibles), en fin él no sabía qué regalarme y además sólo tenía $7 en la bolsa y estaba dispuesto a gastarlos en algo para mi, ése fue mi regalo un abrazo más valioso que algo de $7 mugrosos pesos en proceso de devaluación, y los abrazos de mi madre y hermana, las mejores mujeres de mi vida. También me dio un abrazo mi tia, la única que quiero y una servilleta que dice: Te quiero mucho aunque a veces me hagas enojar.
Recordaré aquel cumpleaños hasta que mi memoria me lo permita, porque fue muy especial.
En aquél entonces afuera de la escuela había un local donde se vendían en saladas, las mejores ensaladas del rumbo y el lugar lo atendía el propietario, una persona bastante atípica en ése tumulto de cocineros grasosos y comida asquerosa para omnívoros. Él se llama Luis Mario, y es productor de teatro y ahora trabaja en CONACULTA, me da gusto por él, eso de vender a estómagos disidentes aún es muy radical para que obtengas ganancias mayores a las recibidas por las que da el gobierno, mucha suerte para él. El local se llamaba Las Ensaladas y su slogan era Gula que alimenta el espíritu, recuerdo el dato perfectamente porque aquello lo llevo en un “pepcilindro” que me regaló (posupuesto no es un pepcilindro de Pepsi, pero cómo se les llama propiamente a ésas cosas). Mi cumpleaños lo había planeado, aquel día no tenía clases pero iba sólo a firmar un acta a las 700hrs y porque quería ir al cine con unas amigas (por alguna extraña razón todas me cancelaron el mero día ya que estaba ahí), de la firma salí a las 715hrs y me fui derechito a Las Ensaladas a platicar con el buen Luis Mario que ya se había convertido en nuestro cuatísimo letrado de nuestro grupo nerd-geek-alternativo-disidente; Platiqué largo y tendido con él, hasta que llegaron unas niñas preparatorianas a acompañarnos y a desayunar ensaladas. Aquellas niñas eran chistosas eran como Tweedle dee y Tweedle dum (gorditas, simáticas, con onda, chistosas y nada inhibidas). La plática se complementó con ellas, y llegamos a un punto en el que ellas mencionaron algo sucedido hace algunos días en el local (no estoy seguro de que todo lo siguiente pasó tal cual, pero algo de verdad debe de tener), uno de sus amigos había cumplido años, pero no tenía manera de comprobarlo ése día, aún así Luis Mario se ofreció a regalarle uno de Los pepcilindros que había en la parte alta de su anaquel, deben saber que todos queríamos uno, pero Luis Mario simplemente no sabía en qué manera darlos-regalarlos-rifarlos-sortearlos, según las niñas su amigo no aceptó nada. Sé que se lee como demasiadas coincidencias como serendipia, pero así fue, o así es como lo recuerdo, No pude no mencionar que ése día era mi cumpleaños, no me creyeron, y los entiendo era demasiado, pero lo comprobé al mostrar mi credencial y leer mi CURP. Al instante las niñas me cantaban las mañanitas como ellas las sabían, y me enterneció, me sentí pleno y querido, por unos extraños que no había visto por más de 1 año seguido, vamos pues que no había una amistad tan palpable con ninguno de los presentes, pero sí la camaradería.
Luis Mario me regaló un pepcilindro que con mucho gusto acepté, es rojo y aún lo cargo con muchos recuerdos líquidos, bebibles e hidratantes.
Mi cumpleaños 22 fue bellísimo, me sentí entero y listo para una nueva vuelta al sol.
Mis mejores 22 añitos.
5/2/10
Totalmente cerrado

1/2/10
Some people have real problems

Ando de un humor que me recontracaga porque ni yo mismo me aguanto, siento que voy a explotar con toda ésta sarta de hormonas y mamadeces y sangroneces que me hacen ser tan lindo como vos.
No tengo ni puta idea de en dónde va a parar éste texto, sólo sé que es una idea que salió a pasear y que seguramente se tropezará con un chingo de piedras fantásticas y una que otra hueca.
Mi Luna sabe que algo no anda bien, estaba junto a mi sobre el brazo del sillón que está frente a la compu, pero optó por dejarme escribir y somatizar todito lo que ignoro. Por lo pronto mis dedos ya se empiezan a poner helados, siempre pasa cuando me pongo a escribir mucho, y se siente bien, como que se anestesian solitos y todo fluuuuuye suuuuaaaveeee.
Hoy el día empezó extraño, estoy seguro que tuve un sueño muy fantástico, algo así como la historia de Máscaras de matar, pero menos sangriento e igual de chido-liro, la emoción me duró unos segundos después de que mi prima más joven me despertara acompañada de su madre, e inmediatamente olvidé lo sucedido con mi inconsciente. Luego la grandiosa lluvia acompasando mis bellos recuerdos de “noséqué”, ¡¡¡Y LUEGO el TELÉFONO SONANDO!!!! Me recontraemputa hablar por teléfono, neta que no soporto hacerlo, no importa quién esté del otro lado, simplemente no soporto hacerlo, así que por favor si alguien ha pensado en hablar conmigo haga una cita y nos vemos de carne a carne acompañados de lo que sea menos de un TELÉFONO SONANDO y esperando que lo conteste, porque para colmo hoy no había nadie más para contestarlo que yo, y por cuestiones laborales pues tuve que hacerlo; ¿y quién era la que osó en llamar?, pues mi amiga que bien sabe que lo detesto, a la que no paro de decirle que me CAGA HABLAR POR TELÉFONO cada que puedo, pero ésta vez el mensaje de la cortísima y truncanda conversación no era para salir ni nada relacionado a “nosotros” sino con mi madre, NO MAMAR ¡¡¡porqué chingados no le llamó a ella!!!
Creo que me desperté muy sensible, espero que se me quite con un baño para no aventar muchas piedras al aire.
14/1/10
Carta a un recuerdo prestado

No puedo evitar mirar por cada orificio, ni que la tinta de mi pluma se derrame, tampoco puedo evitar dejarme ir ni dejarte ir, ni dejarnos ir y abandonarnos al mismo tiempo. No, no puedo evitar quedarnos un poco más de tiempo, ni bebérnoslo en un té negro.
Ahora sobre la marcha te escribo, así, nomás por el puro antojo de recordarte, de desempolvarte y limpiarte los bordes a los que el paño no alcanza con la cabeza de un alfiler. Te huelo y te invito a bailar, como en aquel recuerdo que aún no encuentro; ¿lo recuerdas? Bailamos juntos toda una semana, lo hice porque me lo pediste, porque contigo ya no había vergüenza y al mismo tiempo demasiada sinceridad, quizá porque sabía que no volveríamos a vernos.
No puedo evitar voltear a mirar al pasillo cada que se abre tu puerta, ni notar las nuevas marcas en ella, y el nuevo tapete, ¡que espantoso tapete!, entre mi humor y tu mal gusto siempre apestaba a... raro, a fin. No te volví a mirar.
Me dueles
Ahora que pongo todas las cosas relacionadas a ti, mi cabeza queda un poco vacía, te voy a poner una foto de cada una en un álbum, y por favor si falta algo pues déjalo ir, ya fue hace mucho tiempo, ya lo superé.
Mi cabeza y mis recuerdos, ambos ahora tienen más espacio donde hacer tratos y retratos. Fue un gusto hacerlos contigo.
8/1/10
Tuiteando desde @TraumHuetzki
15/12/09
Tributo al buen Morrissey
14/12/09
Pfff que buenas letras escupe éste señor
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| Comunicado Núm. 2099 | |
| ***Tengo horror de escribir de más, a veces pienso que debería parar, dice el autor reconocido en el área de Literatura y Lingüística
Entrevistado en la sala de su casa de San Ángel, rodeado de libros y discos de música de concierto de los más diversos compositores e intérpretes, con su habitual tono pausado y suave, el escritor afirmó que la inspiración viene y se va cuando quiere, aparece y se forma en la cabeza sin que se pueda saber cómo llega. “Uno no sabe por qué tiene un estilo, cuándo se adquirió, cómo se formó. Nadie escribe como quiere, nadie lo hace voluntariamente de un determinado modo; se escribe como buenamente se puede, como sale. Es un mundo que no tiene nada de voluntarista ni de bonapartismo, es un mundo en el cual uno espera que venga la inspiración”, reflexiona. Conversador nato, Hiriart enriquece cada opinión o comentario con citas, recuerdos o ejemplos que amplían el sentido de sus afirmaciones, salpicadas con bromas o comentarios chuscos. Interrogado respecto de cómo nació su interés por la lectura y la escritura, dijo que ocurrió hace tanto tiempo que no lo recuerda con precisión, pero que sin duda su pasión por leer está ligada a un juego solitario que hacía de niño con soldaditos y con plastilina. “Era una pasión semiliteraria, imaginativa, no verbal. Con la plastilina hacía manadas de elefantes, las imaginaba en movimiento, camino hacia el cementerio de los elefantes o cualquier otra cosa. El de los soldaditos no era ese juego absurdo y primitivo con canicas, sino un juego muy intelectualizado de viajes, de peligros, en el que cruzaban un país misterioso. Era un juego de dimensiones que proseguía día tras día, con exploradores, fugitivos y lo que se me ocurriera”, rememoró. De tal manera, comentó el Premio Nacional Xavier Villaurrutia 1972, que cuando recibí de manos de mi padre la primera novela que leí, La isla misteriosa, cayó en tierra muy abonada y fecunda. “Me encantó y ahí contraje la adicción a la lectura que no me ha abandonado desde entonces”. Por otra parte, dijo que siempre ha creído que no se escribe por gusto sino por la ambición de hacer algo que trascienda, bien hecho, lo más cercano posible a la perfección. “Este tipo de ambición, a veces combinada con otras más espurias, de voy a demostrar lo que soy capaz de hacer, es lo que lo mueve a uno a escribir, así como cierta curiosidad de ver a dónde llegan ciertos principios que a uno se le ocurren”. “Esa expectativa que siente el lector y que lo impulsa a seguir leyendo, también la siente el escritor y el orgullo de hacer algo bien, algo ejemplarmente bien, de decir esto es como se debe hacer, es la motivación más legítima del arte. Si uno lo hace por ganar un premio, ser famoso, tener el reconocimiento de lo demás, todas esas cosas un poco ridículas, está uno falseando”, resaltó. En opinión de Hugo Hiriart, la única cosa que se puede permitir legítimamente un artista es eso, dar una prueba de maestría, enseñar cómo se alcanza la perfección en cierto género, en cierta manera o estilo. “Todo lo demás no importa, si se lee o no, si es best-seller, si gana dinero, todo eso es secundario. En arte sólo cuenta la perfección, la maestría, el número y el éxito no importan. Cuando uno se acerca a eso, se adquiere cierta respetabilidad. Sólo perdura lo magistral y lo peculiar, lo auténtico, raro, singular, propio”. Detalló que el arte de la literatura consiste en dos cosas esenciales: por un lado, en una cierta capacidad de juegos verbales muy rápidos que se hacen al escribir y cierto paladar para acomodar las cosas; por el otro, en una capacidad, un gusto, un regodeo imaginativo, una desmesura, un uso desaforado de la imaginación y a partir de ahí crece algo como un animal. A veces muy de prisa, en otras lentamente. Observó que James Joyce aseguraba que su escritura era tal, porque carecía de imaginación y no podía inventar nada. Entonces, todo lo que escribía lo había visto y lo había oído. “Si uno lee el Ulises o el Retrato del artista adolescente, todo es escrupulosamente tomado de la realidad, pero tenía una capacidad verbal bestial, gigantesca, de las más colosales del siglo, una exigencia con el mismo enorme y una inventiva literaria gigantesca. Eso es distinto de la imaginación, es un ejemplo cómo acomodar bien algo”. En su caso personal, Hiriart dijo recurrir muy poco a la realidad vista como el estado de cosas. Y agregó que hasta ahora que escribe algunas cosas que tienen una remota relación con México, todo lo demás es completamente imaginativo. “En mi obra no hay nada autobiográfico ni cosas que haya visto o que sucedido aquí a la vuelta. Son cosas que he inventado, que se me ocurren. Evidentemente a trasmano se meten cosas de mi vida, pero nunca con intención. Me asombra que haya escritores que lo puedan hacer. A mí me disgustaría enormemente hacerlo”. Añadió que si bien se considera una persona optimista y con buen humor, piensa que la vida es horrible, ambigua, frustrante, fugaz, muy insatisfactoria y llena de gente espantosa; aunque reconoció que también hay gente increíble, que es como un cisne o una garza real, pero de esa clase hay muy poca. Frente a ese panorama, indicó que para un artista el arte y la lectura, son vías para escapar de esa realidad. “Yo no entiendo y creo que ningún artista, como vive alguien que no es artista. Si le preguntamos a alguno si sabe cómo vive un ama de casa, un cartero, un peluquero, un notario público, no entiende. Le parece una existencia vacía, extraña. Por eso se tiene esa capacidad de obsesión y de fuga”. El autor de Galaor, Cuadernos de Gofa y La destrucción de todas las cosas, entre otras novelas, aseguró que no le preocupa el tiempo que se tarde en terminar una obra. “Las cosas tardan lo que deben tardar y cuando están bien hechas llevan tiempo. Lo que se hace al trancazo, aunque no es regla, difícilmente queda bien. Un poema o un cuento a veces pueden salir de golpe; en la novela no, a veces uno tiene momentos o golpes de inspiración que le pueden permitir avanzar 50 cuartillas, pero a veces se frena uno mucho tiempo, meses, semanas”. Tras afirmar que no tiene ni la menor idea de cuántos libros ha leído, pues desde que se inició con La isla misteriosa hasta la fecha nunca ha dejado de hacerlo, agregó que no son muchos. “Lo que pasa si uno lee un libro y no platica de él, es como si no lo leyera. Hay que leer y hablar o escribir de ello, usarlo y reelaborarlo para que se quede. Entonces, como siempre me ha gustado hablar de libros, de lo que leo y lo que estoy leyendo, se me quedan cosas. Lo que uno elabora y habla, se hace propio y se retiene”. Hiriart aseguró no ser un lector selectivo y que le gusta mucho la historia, porque le apasiona la gente y saber por qué hace las cosas que hace, desentrañar el enigma que implican los motivos de una conducta. Me produce gran curiosidad saber cómo la gente hace inteligible el mundo en el que vive, qué es lo que entiende del mundo. De hecho las novelas tratan de eso, de cómo la gente hace o no inteligible su vida”. De igual manera, rechazó tener autores favoritos. Y explicó que si siente que un autor escribe de la manera en que él lo hace, ya no le interesa porque no le da nada. “Tengo la idea de que escribir es hacerlo de manera más clara y sencilla posible; que la cuartilla debe ser invisible, que para el escritor debe ser completamente translúcida y no debe aparecer haciendo monerías. Ese es mi ideal”. En ese sentido, resaltó que uno de los autores que lo atraen por su estilo y lee con gusto es Ortega y Gasset, a quien definió como absolutamente barroco y modernista, un autor elaboradísimo; mencionó también a Gabriel Miró y a Valle Inclán, cuya prosa calificó de modernista y elevadísima, todos ellos antagónicos a su estilo. “Creo que es natural que uno se asombre ante lo diferente. Son los misterios, las peculiaridades de la inventiva. Creo honestamente que eso le pasa a cualquier artista. El arte es pura limitación”. Al hablar del Premio Nacional de Ciencias y Artes, Hugo Hiriart dijo verlo como un regalo. “Me da gusto, pero nada más. No me envanece ni modifica en nada mi trabajo. No he aspirado a ninguna forma de notoriedad, más bien a no tenerla. Siempre me ha gustado dar un paso atrás y quedar en la penumbra. No ocupar el centro de nada, no dirigir nada, no estar al frente de nada, no ser conspicuo, no me gusta”. Sobre qué sigue en su vida, luego de obtener este reconocimiento, entre risas manifestó que con dificultad aún hace algunas cosas. “A veces me digo que a lo mejor ya debería parar. Tengo horror a escribir de más, a empezar a hacer cosas cuando ya no me salen. Hay un momento en el que hay que detenerse para no hacer el ridículo. Quizás uno debiera hacer lo que Arreola y Rulfo, decir esto es lo que pude hacer y no más. No lo hacemos porque pensamos que quizás logremos algo mejor, pero en realidad cada vez cavamos una fosa más profunda”. No obstante, adelantó que actualmente prepara una compilación de ensayos; continúa en su actividad docente en una universidad, escribe y publica artículos, además “estoy escribiendo una novela y otras cosas muy despacito. “La verdad es que ya no tengo el entusiasmo, la rapidez y el brío de antes. Escribo por ratos, no como antes. Sin embargo aquí estoy”. Hiriart reveló que tiene pensado dedicarle tiempo al grabado, hacer una serie. “Ya he hecho algunas con la técnica del aguafuerte y las he vendido muy bien, pero reclama mucho tiempo”. “Pienso hacerlo el año que entra, dedicarle un poco de tiempo. Ir a trabajar con Emilio Payán, quiero hacer una carpeta de grabados en blanco y negro, muy sencillos, con la técnica de la punta seca. Es otra de mis pasiones, al igual que la artesanía”, concluyó. Aquí el LINK |



